se parte la tarde contra las insulsas ventanas
se desparrama sobre charcos
transpira la nostalgia una suave brisa
a veces creo que la recuerdo
otras –las menos-
corren caballos pecho adentro
como una nube oscura
atropella el alma la tristeza
y padezco inmóvil
como el campo santo que descubro junto a mis huesos
donde están tus ojos aún preguntando
Otra vez la espalda
haciendo de salina seca,
la frente de cascada, sudor salino,
arriba un sol que se agita y resquebraja
un cielo diáfano,
los ojos que se te nublan
y sueñas con un
hay arena
en este tiempo de desiertos
que como lluvia seca
empapa el alma
hasta hacerla sangrar
no es la sangre el vino de Vaco
ni el vino la del cáliz sagrado
es lo púrpura de mis
cae la tarde entre estúpidos edificios
estúpida también
como un pájaro de una sola ala
cae golpeando las terrazas
las antenas
la ropa tendida
las chimeneas
desde un cuarto en un cuarto
si dejas la palabra
la pluma sobre el pecho
las alas quietas
y que el dolor sea un sueño utópico
habrás muerto mutilado
no te calles poeta
en vos descansan
los pies del guerrero
y el agua
“hay un gato agazapado entre mis costillas y el alma
sus ojos hambrientos muy grandes
cuerpo temblando
mirada fija
y el instinto imparable de matar / amar
un sólo corazón se escucha
ya la lluvia
el viento
o el granizo
ya el silencio
los pájaros
y la tormenta
ya la noche
esta muerte
los lobos
ya tus ojos
este desierto
este hablar de lejanías
hicieron de
todo es tan distinto
la luz de la mañana está lenta
como que los rayos de sol que por la ventana penetran
se adhieren débilmente a las cosas
y ellas apenas si lucen
hay cierta sensación de
quiebra la mirada un rayo de hielo
un no me acuerdo
la lágrima oxida el alma
las entrañas se abollan contra el cemento
te haces un charco coccíneo de tu báratro
eres humo
entre la gente te
Sigilo y silencio.
Te desprendiste de mi,
pero sentí que te arrancabas.
Te arrancabas como una cripta esculpida en el granizo,
que el eclipse del cielo en una terrible convulsión,
una mirada convexa
casi de pirámide
siento que se clava en mi espalda
-quizás la muerte me este mirando- pienso
hace rato que voy y vengo
desde una madrugada a otra
por ahí entro en la
con este andar de piedra
rotundo atropello de distancias
con el vicio
de tragar horizontes a media asta
de siempre llegar tarde a mi destino
me fui perdiendo
como figura sin hueso
en el
...Sacó la noche plegada de su boca,
entre los colmillos brillaron agitadas estrellas,
en sus ojos se sentó pensativa la muerte
y atacó...
Sobre una alfombra roja,
una sombra
una piedra quema mis ojos
este saberte lejos como la nada
parte mi destino en un horizonte de labios que se ignoran
en una herida de continente que desconoce su costado
piedra
incendio de
con los pies detenidos en la áspera boca del fuego
sin atrás
sin mañana
tengo miedo
miedo de perderlo (al miedo)
y saltar por el ojo del agujero
qué hay de ti
hombre de los ojos
(I)
partiremos la piedra
en el filo estático de la noche
donde se hacen polvo las miradas
donde el silencio se abre en una herida de palabra
partiremos
Escribo esta encrucijada de pájaros
sobre la piel desnuda del aguacero.
Con un llanto inapelable,
que como un río entre las rocas corre pecho adentro ,
desde el silencio,
grito al
“A los ilustres idiotas que aún creen en la estúpida mágia del amor, Romeo y Julieta, El Quijote con su Dulcinea, Sancho con su burro, la Silvina con su Samu, el Quincho con la bruja y el
ya la noche no asusta
ni vienen negros los perros a morder la sombra
está desierta la calle
no hay ulular en el hollín de las chimeneas
los fantasmas no juegan en las entrañas
ni en el
Llueve.
Agitada el agua golpea el patio,
rencorosa rezonga con voz oscura y frenético fervor.
Algo está furioso, el tiempo
ese afuera, el aire,
lo que sea está tremendamente furioso
Una pared invisible
descubre su desnudez contra mi rostro
y la luna
y el rocío
en un acto absurdo
mis labios saben a sangre
y en la boca la bilis
juega perfiles macabros
No hay un
El pasillo era húmedo, casi oscuro, frío, sólo se escuchaban el ruido de los torpes tacones de botas cargadas de lodo y estiércol, como una marcha lenta de los ángeles de la muerte; el tiempo