creo en el rastro milenario que esconde mi piel
ese retumbar de cavernas
olor a humo y rama verde
sangre derramada sobre los huesos de la tierra
creo en aquel estado
recién ahora me doy cuenta
con tantos pájaros adentro y afuera
los otros dándole algarabía a la montaña
marcando con fuego la simpleza de la vida
esa compleja esencia de ser
con sus
quizás no entienda
digo
quizás yo no entienda
es el abismo el que me traga
ese vacío carente de pájaros
de hamlet de Juan de cesar
de esas alas que me mantenían en el aire
-un barco yace en el fondo del mar con sus cadáveres flameando como banderas vacías
yace yerto olvidado olvidándose
no más tormentas ni embravecidos mares
no más travesías a la vera de un
indómitos cabalgan los muertos sobre osamentas de antiguos caballos robados a las estériles batallas
raídos estandartes flamean en esa turba de corceles siniestros
embravecidos
muere la tarde sobre la fronda del monte
una quietud de ángeles ciegos se revuelca entre las ramas
caballos cansados se aturden entre las sombras
buscan la muerte como vos y yo
caballos de fuego
intrépidos/ delirantes
prorrumpen en la nada
queda una estela azul/ traslúcida
y el pecho sangrando
comprendo que amaba
y la noche se viene encima como una enorme
alguna vez en la puerta de tu boca
eyacularé mi furioso pene
para que sientas el sabor
de unas vidas que nunca serán
por mi culpa
el crimen
(pero) no te darás cuenta de ello
quiero escapar de esta piedra
áspera/filosa
volverme pájaro de aire
desvanecerme en el tiempo
ser sólo el soslayo de la brisa
desprenderme de la sombra quiero
romper el vínculo
tengo la sonrisa seca
misteriosamente
he mirado el espejo en su neblina
débil llanto de ave ciega
vi el sentido de la vida
vi mi alma dibujada en extraños signos
no pude
“ya la tarde caía apacible
el calor amenguaba
la tierra crujía por sequedad
y el agua al estanco no entraba
las algas habían hecho del fondo
su universo verde-marrón
algunas se erigían
caballos de arcilla rompen las sombras
y vos y yo
con los barriletes a media asta
contemplamos la muerte como a un río tibio
paramos en un abismo de pájaros
en la morada de un dios casi
caballos de hierro muerden la noche
sus lágrimas apaciguan los fuegos
y el negro abre las puertas del infierno
y vos y yo parados en un cielo de violetas
abrimos un pecho de primaveras
caballos de agua lloran junto al río
sus lágrimas se disuelven como almas intrépidas
en un abismo de granizos y suicidios
y vos y yo
contemplándonos a los ojos como dos niños
los caballos flotan impávidos a la mitad de la noche
sobre una nube de espantos
sobre un cielo de plomo
sobre una muerte sin ganas
no hay llanto en tus ojos
sólo luz sin pasado
sólo
caballos de bronce de ojos saltones
nos miran desde las plazas
y desde los anticuarios
como detenidos en el balcón del tiempo
por las noches bajan descalzos
sin herraduras de miedo
se
caballos de plata
retumban en la noche
el coyote mira la luna
con ojos cerrados aúlla
se deja embriagar por la sed
de algún sueño a la deriva
y espera
espera
a lo lejos
muy a lo
ay con los poetas de pies descalzos
que sangran sus palmas
sobre los huesos desnudos de la tierra
los que dejan las huellas en el mar
al asecho de tristes gaviotas
ay con los poetas
Ay, con esta patria chica
de caballos y flores
de perras, hijas y gatos
vertientes, pájaros
con este continente
de pastos
puertas sin llaves
alcauciles y lirios
Ay, con este terruño de