hay un silencio enorme
me da miedo
quiero sentir tus pasos
que te acerques
que me calmes
hay un silencio enorme
lleno de tu ausencia
crispándome la piel
-¿qué es merecer, mi Dios?
¿me quitas la vida, sólo por que no la merezco?
¡la diste, me la diste, es mía y nunca mencionaste lo de merecer; menos, aún, lo que interpretas tú de la
¡qué desprovisto queda el hombre sin los gritos del poeta!
tan a la intemperie de la esencia, de la vida, del todo
tan sin hueso, vacío
tan solo
hasta un gato, sin tejado ni
¡mundo, hombres!
no se deben morir más los mario benedetti
ni las alejandras pezarnik
qué no se nos mueran ni las leonor
ni los león césar
ni los gustavos
ni los…
¡lo decreto!:
¡serénate, serénate!
que sólo estoy vomitando otra mañana secante
que me retorcía las entrañas
¡serénate!
no es un muro
ni un mazo de palabras lo que me aplasta
es el
se desgrana la noche sobre los tejados y el insomnio de los muertos
sobre las esquinas coloquiales de los poetas y las putas, donde esta frío y apenas se entibia el alma
sobre los mansos
creo en el enredo visceral
el grito
en la metamorfosis del dolor a la palabra
en la lágrima lírica
en el verso y la alegría
creo en lo visceral
en esa escupida de sangre, la
la siesta hace esfuerzos para escapar del calor, la sequedad oprime, si algo de brisa corre, levanta polvo y hojas sucias con tierra muerta
desolador el páramo, escasa la sombra del árbol
voy a tus labios
con una urgencia inexplicable
con esa sed de Adán de morder la manzana
al llegar me detengo ante tu fragilidad
acerco mi boca lentamente
te beso
con el temor y la
hay sol
fresco
aire límpido
pájaros con sus círculos de vuelo
árboles y pájaros sobe ellos también
gramilla de intenso verde
hay piedras
polvo
gente que va
que ama
que odia
gente
era mi cuerpo agua
agua más antigua que el mundo
agua como tu rostro de agua
tan primogénita
tan origen
tan transparente
mojé sábanas, colchón
mojé la mañana
mojé la vida sin
mi piel desmorona silencios
¡arde, arde!
una vendimia altanera protesta
se queja entre mis entrañas
quiero vino
aplacar con esa tinta
la sed escrita en mis huesos
cómo me gusta el grito de la lluvia al estrellarse sobre las chapas de zinc
adoro esas chapas cuando se quejan y hacen crujir las vigas
adoro la lluvia bajo techo - me siento gato
abarca el silencio enormes lejanías
barcos que partieron y agonizan en alta mar
caminos polvorientos que fueron tragando pisadas
pasos que la lluvia sin huellas los dejó
ríos mudos
margarita era una santa
salía de día con sus polleras largas que le cubría hasta los talones, el vestido se ceñía en un escueto escote que abrazaba el cuello, largo cuello de por si, apenas
-¡¿Quién hizo esto?! -preguntó la madre exaltada.
-Yo mamá -se escuchó venir de una vocecita trémula y acongojada.
-¿Ves el desastre que has hecho por hacer las cosas apuradas? -replicó,
la palabra, amiga, en manos de un poeta
es una rosa encendida
o es empuñar el fusil
han rodado lágrimas de amor
cantares a las estrellas
y caído tiranías también
la palabra, te
a veces
cuando somos humo
buscamos un agujero
buscamos algún recoveco que nos contenga
el fondo de un vaso con su vino seco
para que el viento no nos disipe
a veces suelto el ancla de
caballos de miedo rompen mi pecho
caballos que aterran demonios
tu rostro de agua aún arde en mis pupilas
y arrea la manada despavorida
¡ay mi niña!
¡¿qué sabrá