fluye de mis manos
agua muda que no comprendo
unas veces se dibuja tu nombre
otras, tus negros ojos garabateados en los míos
¿será mi alma que llora tu ausencia?
¿qué será?
quiero decir algo
eso que empuja en el pecho
algo que quema las entrañas
que vuelve la sangre río con apuro
que abstrae
que desorienta la brújula
que ves sin ver
que te pierde en la tensa
hay en mi, más silencio que en las tumbas
un desierto de abriles me abarca
me recuerda que aún respiro
que vivo, dirán
pero sólo ven un cuerpo que deambula
una imagen gastada a la
baldosas bastonadas de un amarillo perdido nuestra vereda
bastonadas también las que seguían hacia la esquina, la casa del lado era casa esquina de vereda con grises baldosas
no pudieron
¿saldré de este patio, de estas cuatro paredes de la intemperie?
¿buscaré, acaso, un techo y un televisor que me cobije?
¿será posible practicar el paso de la manada?
¿me haré oveja blanca,
balbuceo…
cuatro paredes
de un patio de tres por dos
sonidos de pájaros, los que no veo
fresco el aire que si siento
la silla plástica en un rincón
sobre ella,
hace un tiempo
desde lo incontable
me exploras, lo siento
buscas ese mi que sientes
y desconozco
mas siempre sólo hayas
el mismo cadáver
con su piel de exquisito camaleón
el mío
ya, así, hoy
me hallo en el exilio de la vida
en la existencia
por ser deportado
apenas con mi ropaje de mundo
mis bártulos de plena consciencia
volveré al cause de este hereje
yace sobre falda la gata
con la palma de su mano
apenas, toca la punta de mi dedo
el de la mano que sostiene el cuaderno
con su garra suavemente lo confisca
escribo
se mueve con
la consigna, el destino
decir de un dios
las líneas de las manos
un hombre que flota panza arriba
confiando que hay designio
en la deriva
“la hija del fletero”
aquí yazgo
entre cuatro paredes de fino lino
mi piel de niño
fue templándose
al calor suave de la familia
un día…
mal creí un día que me sofocaba
salí…
¡me quité esa piel!
deje que
disipa la niebla
tus ojos claros
tu clara tez
tu blanca piel
me embelezas
quedo ahí dejado
del otro lado de la ventana
tan oscuro como el túnel
donde al
desierto
vasta arena silente
donde el hombre muerde la piedra
no tengas piedad de sus huesos
¡oh!
lluvia del llanto
que vierten los niños con hambre
borra de la
yace sobre falda la gata
con la palma de su mano
apenaS, toca la punta de mi dedo
el de la mano que sostiene el cuaderno
con su garra suavemente lo confisca
escribo
se mueve
quiero cerrar la puerta
la del cuarto que esta vacío
¡aislarme del mundo, de la vida,
que no me vean!
quiero darle algo a mi padre
se que desde el alma
el agua se va a
¡oh, mis huesos, poetas!
aquí me sostienen
como una lágrima pesada
cual hombre de viento
al llanto del mundo
¡yazco higuera, naranjo!
blanca mi sangre
que blanca encandila
ya te duele la espalda, poeta
de llevarte a ti mismo
y la garganta hinchada
de gritárselo al mundo
eres el dolor áspero de la humanidad
que no se calla
todo el silencio de la calle se desangró ante el grito, nadie escuchó al dolor
sola en la penumbra, la esquina, fue testigo de dos muertes por amor
el día halló a dos cuerpos