ando camino
hurgo levanto la piel
busco una palabra la quito
sigo escarbo entre los huesos
corro tendones encuentro otra
la saco sacudo la guardo
voy a los músculos uno
atropello de pájaros desesperados/ tarde gris/ revientan cristales e indiferencias/ abro preguntas sobre mesa y llanto/ y disparo revólveres sien adentro/ cuantas veces maté espejos/ cuantas
ando camino
hurgo levanto la piel
busco una palabra la quito
sigo escarbo entre los huesos
corro tendones encuentro otra
la saco sacudo la guardo
voy a los músculos uno
llueve
una vida llueve
cristal afuera el universo llueve
cristal adentro el alma llueve
no hay compasión en el agua
pero en los ojos la tristeza inunda
hay una mar desmultiplicada en
¡No llueve!
¡No llueve!
¡No llueve!
Ni una gota cae de mis ojos
ni una desprende este universo triste.
¡No llora!
¡No llora!
¡No llora!
Ni noche
ni alma
ni lluvia
ni
golpea la espalda la conciencia cruda / quiebra los huesos haciendo preguntas / escupo sobre mis ojos blancos / escupo en mis oídos de chapa / en mi garganta de acero / mi boca de barro que no
prolijo
numeré la muerte
uno dos mil tres mil
todos epitafios
huesas que se fueron llenando
un llanto ingobernable
un suicidio a destajos
prolijo
fusilé el rocío
torturé el ocaso
aniquilé
esta hora de barbarie
sin siesta ni sombra
siempre invierno lejos
con la garganta cortada
palabra a palabra
el infinito cargado en los ojos
sedienta el alma la boca
silencio en tus oídos
en
La piedra golpea la carne
buscando el alma, no llega.
Filosa la vida, con saña,
se hace carne, entraña, la destroza,
vuelve roca el hueso, carnoso el barro.
No mueres, solo te olvidan.
Hay
La mitad de la muerte estaba en su ojo, era un asesino perfecto franco tirador. La otra mitad en la punta de la bala; cerámica de alta resistencia y profunda penetración.
Tomó aire, lo contuvo.
Un murallón de miradas detuvo el silencio, trinchera del alma.
¡Grité y grité! ¡Grité que te amaba!
Quería que me escucharas, que me escuchara tu alma.
Quería que lo escucharan todos y que
ásperos los ojos después del amor y el vino
suave el alma
la piel
la mirada
las manos distendidas
el cuello
los brazos
la cama con sus sábanas borrachas arremolinadas en un
Me hirió la noche
de tus labios contra los míos,
de palabra sin sonido,
de tu mirada a puerta cerrada.
(y la sangre transparente en tus ojos,
reflejaba opacas lágrimas de olvido,
afuera
Hay melodías escondidas en tus ojos,
una noche enorme, negra y compacta
te aprietan las pupilas.
Sueñas.
Con tu mirada tragas inmensidades
y te pierdes en los recovecos
de una ciudad
Boca de piedra, corazón de surco,
poeta que mueres en la encrucijada incierta:
ser sangre, carne, animal o palabra.
La noche te atrapa en la vigilia del espanto,
vino en el vaso,
humedad en
Pensé que la espera me heriría por fin con su tedio, pero no. Desfilaron ante mi miles de personas, una por una, una por una, dándome esa posibilidad de ser espectador no comprometido. Todos pasaron
Cerró la puerta sin el menor sonido. El espejo, atento, lo miró. Y él se vio ridículo.
Esa sensación la había sufrido infinitas veces desde su llegada; cerrándola de un portazo…despacio, con el pié
En aquellos tiempos, dicen, cuando se sucedió el fuego, unos pies se le acercaron. Quedaron ahí, junto a él, contemplándolo, luego otros y otros fueron llegando, hasta que muchos se le arrimaron.
El yunque yace yerto sobre el cráneo aplastado,
un Domingo cualquiera a las dos de la tarde.
El pueblo se apresta a la siesta,
las moscas lo saben.
Bostezos van y vienen de habitación en
Del naranjo sacaste la fruta
que dejaste en mi mano antes de partir.
Perfumo mi mano, mi viaje,
calmo mi sed
y lo amargo de su cáscara
jugo en mis labios
con amargo dulzor de ausencia y
No alcanzaron tu manos, tus dedos,
para parar el agua que se arrancaba de tus ojos,
que hizo el charco, el río, el mar,
donde al fin flotaste a la deriva.
Hasta que te entró toda el agua
Por el agujero de la punta del calcetín, el dedo gordo se asomó.
Él dijo: - les advertí, les advertí-. Y disparó. El dedo gordo quedó destrozado.
Fue al médico con el pie bañado de sangre,
Más de una vez le pidió que se callara y ella como era así, mujer, siguió hablando.
Hablaba y hablaba, no podía callar, hasta que él se cansó y le disparó.
Desde entonces, dicen, que se llevan