La expiación
de Manuel Lozano(2005)
2 min lectură
Mediu
Oscurear la oscuridad:
Tal es la Puerta de Toda Maravilla.
Lao Tsé, Tao Te Ching
LA EXPIACION
...Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte
y no la encontrarán, y desearán morir y la muerte
huirá de ellos.
APOCALIPSIS, 9:6
Fueron días y noches de heredar la lluvia,
de prolongar mis soles a diestra y siniestra en este reino de víboras;
alargados atardeceres en que hablaba con el hijo deforme
que mi carne ha entregado a la carne del mundo.
Mudez de cárceles, paredes indestructibles y la sombra del verdugo,
¿dónde agita la alucinación su herrumbre del principio?
Leerás: La carne fue segada en un minuto.
Entonces los ángeles arrojaban las uvas tenebrosas
en el Gran Lagar de la Ira.
Leerás: ¿Dónde quedó esa mancha entretejiéndose en la filosa,
desierta noche de tu vástago inútil?
¿En qué trono semejante a un cordero insaciable
que por su eterno fuego me abomina?
¿Bajo que recóndito árbol presenciaron el crimen,
la perfecta aleación de la sospecha?
He oído a los siervos.
Vi la cercana coronación de esta derrota antigua,
estudié cada idioma del futuro en el ojo del cíclope,
derramé mi simiente en el vacío para esperar su cara.
Los hombres lo han visto alguna vez, siquiera una.
¿Cuál es el rostro del amado en tanta oscuridad?
¿Cómo la piel con esta piel llegado el día?
Te arrodillas frente a una esfinge que no sabes.
Lavas un cuerpo llagado hasta las heces,
embriagando con sangre su sangre dulcísima
de barro del derrumbe.
Has oído a los siervos.
¡Ay, ay de ti, Babilonia, ramera impaciente por toda eternidad
de tus pródigos cercanos y tus esclavas ocultas,
porque en una sola noche vino tu juicio!
Se envenenaron las aguas ancestrales.
La tierra se llenó de gusanos.
Morían las plegarias.
No hubo honduras ni puertos para huir.
Todos fuimos distintos.
Nadie creyó por boca de profeta,
ninguno esperó el alba puntiaguda del fin.
Yo mismo dije con mi dios perplejo:
\"Siega, pero siega aún más sobre mi carne helada.\"
Tal es la Puerta de Toda Maravilla.
Lao Tsé, Tao Te Ching
LA EXPIACION
...Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte
y no la encontrarán, y desearán morir y la muerte
huirá de ellos.
APOCALIPSIS, 9:6
Fueron días y noches de heredar la lluvia,
de prolongar mis soles a diestra y siniestra en este reino de víboras;
alargados atardeceres en que hablaba con el hijo deforme
que mi carne ha entregado a la carne del mundo.
Mudez de cárceles, paredes indestructibles y la sombra del verdugo,
¿dónde agita la alucinación su herrumbre del principio?
Leerás: La carne fue segada en un minuto.
Entonces los ángeles arrojaban las uvas tenebrosas
en el Gran Lagar de la Ira.
Leerás: ¿Dónde quedó esa mancha entretejiéndose en la filosa,
desierta noche de tu vástago inútil?
¿En qué trono semejante a un cordero insaciable
que por su eterno fuego me abomina?
¿Bajo que recóndito árbol presenciaron el crimen,
la perfecta aleación de la sospecha?
He oído a los siervos.
Vi la cercana coronación de esta derrota antigua,
estudié cada idioma del futuro en el ojo del cíclope,
derramé mi simiente en el vacío para esperar su cara.
Los hombres lo han visto alguna vez, siquiera una.
¿Cuál es el rostro del amado en tanta oscuridad?
¿Cómo la piel con esta piel llegado el día?
Te arrodillas frente a una esfinge que no sabes.
Lavas un cuerpo llagado hasta las heces,
embriagando con sangre su sangre dulcísima
de barro del derrumbe.
Has oído a los siervos.
¡Ay, ay de ti, Babilonia, ramera impaciente por toda eternidad
de tus pródigos cercanos y tus esclavas ocultas,
porque en una sola noche vino tu juicio!
Se envenenaron las aguas ancestrales.
La tierra se llenó de gusanos.
Morían las plegarias.
No hubo honduras ni puertos para huir.
Todos fuimos distintos.
Nadie creyó por boca de profeta,
ninguno esperó el alba puntiaguda del fin.
Yo mismo dije con mi dios perplejo:
\"Siega, pero siega aún más sobre mi carne helada.\"
